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Hermann Tertsch: “Podemos, matará a gente por cuestiones políticas si llega al gobierno”

Hace un par de días, en Telemadrid -que ya nadie sabe ni lo que es, ni a lo que se dedica- un individuo torvo y malencarado al que algunos consideran periodista, se quedó muy contento después de hacer las siguientes declaraciones:

Hermann Tertsch: “Podemos, matará a gente por cuestiones políticas si llega al gobierno”

Aquí podéis ver la noticia más ampliada.

http://www.vertele.com/noticias/hermann-tertsch-podemos-matara-a-gente-por-cuestiones-politicas-si-llega-al-gobierno/

Me pregunto si este individuo confunde por algún problema mental, sus verdaderos deseos con sus predicciones, con la gloriosa intención de volver a salvar a España  y a los españoles de las hordas rojas (como en uno de los periodos más oscuros de nuestra reciente historia, consiguió la facción golpista del ejército español, capitaneada por Franco), y puedo prometer y prometo, que a lo largo de toda mi vida -y ya va siendo uno muy mayor- que esa frase lapidaria, y esa “sesuda” disertación alrededor de la misma, es UNA DE LAS MAYORES INSENSATECES que he oído en toda mi vida.

Podemos todavía no ha podido demostrar, dada su corta vida, ni nada bueno ni nada malo, cosa que no puede decirse de otros partidos políticos. Simplemente espero que los señores de Podemos, que me caen estupendamente bien , por cierto, tomen las acciones legales oportunas para tapar la boquita judicialmente a este señor, considerado periodista por algunos. Póngase a trabajar por el bien común, señor Terstch, y deje de decir paponás. El que quiera saber lo que es una paponá que vaya a Chozas de Canales, Toledo, y pregunte. Conocerá un pueblo muy bonito, y acrecentará su cultura.

Entre la campaña ominosa del PP contra este recién nacido partido, y perlas como las que sueltan algunos señores con ganas de hacerse notar, terminamos viendo a Pablo Iglesias de presidente de este país, en las próximas elecciones generales.

Señor Tertsch, tengo el gusto de dedicarle este verso de Pablo Neruda a Miguel Hernández. Mire que bonito, y que le aproveche.

A Miguel Hernández

A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España.

Llegaste a mí directamente del Levante. Me traías,
Pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
La escolástica de viejas páginas, un olor
A Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado
Sobre los montes, y en tu máscara
La aspereza cereal de la avena segada
Y una miel que medía la tierra con tus ojos.

También el ruiseñor en tu boca traías.
Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
De incorruptible canto, de fuerza deshojada.
Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
Y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
Bajo la luna y bajo el sol de la batalla.

Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
Que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.
Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
Te escucho, sangre, música, panal agonizante.

No he visto deslumbradora raza como la tuya,
Ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
Ni he visto nada vivo como tu corazón
Quemándose en la púrpura de mi propia bandera.

Joven eterno, vives, comunero de antaño,
Inundado por gérmenes de trigo y primavera,
Arrugado y oscuro, como el metal innato,
Esperando el minuto que eleve tu armadura.

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que te buscan.
Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
Que se despeñarán sobre el pecho de España
Aplastando a Caín para que nos devuelva
Los rostros enterrados.
Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán un día.
Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
En sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
De perra, silenciosos cómplices del verdugo,
Que no será borrado tu martirio, y tu muerte
Caerá sobre toda su luna de cobardes.
Y a los que te negaron en su laurel podrido,
En tierra americana, el espacio que cubres
Con tu fluvial corona de rayo desangrado,
Déjame darles yo el desdeñoso olvido
Porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.

Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
De la crueldad, Mao Tse-tung dirige
Tu poesía despedazada en el combate
Hacia nuestra victoria.
Y Praga rumorosa
Construyendo la dulce colmena que cantaste,
Hungría verde limpia sus graneros
Y baila junto al río que despertó del sueño.

Y de Varsovia sube la sirena desnuda
Que edifica mostrando su cristalina espada.

Y más allá la tierra se agiganta,
La tierra
Que visitó tu canto, y el acero
Que defendió tu patria están seguros,
Acrecentados sobre la firmeza
De Stalin y sus hijos.
Ya se acerca
La luz a tu morada.
Miguel de España, estrella
De tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,
¡No te olvido, hijo mío!
Pero aprendí la vida
Con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
Y encontré en mí no el llanto,
Sino las armas
Inexorables
¡Espéralas! ¡Espérame!

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