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El coño de la Bernarda

Esto es Hollywood: Rajoy en China, Gallardón se va con el culo al aire, el dire de RTVE también, Sorayita hasta el domingo al mando de todo (Dios nos asista), los grandes jefazos de la iglesia y las asociaciones católicas antiabortistas de su cuerda pidiendo el patíbulo para Mariano…, el señor Mas dispuesto a lanzar pasado mañana la convocatoria del referéndum catalán, Pedro Sánchez con el cascarón todavía pegado al culo, no ha hecho hasta ahora absolutamente nada, aparte de hacer que su partido siga pareciendo el ala izquierda del partido único PPPSOE, pero démosle un poquito más de tiempo a ver si se anima, y de repente hoy nos enteramos de que el Gobierno asciende a coronel al hijo de Tejero Molina (tte. coronel hasta ahora), destituido de su puesto en Valdemoro por organizar el 23 F de este año una paellada en conmemoración del intento de golpe de 1981, mandado por su señor padre, el cual asistió gustoso al evento. Le destituyen en febrero y le ascienden en septiembre. Pues, ¡¡ A las órdenes de usía, mi coronel !!, como bien se ve aquí, este país es el coño de la Bernarda:

Me permito reproducir por su interés histórico lo siguiente, extraído del siguiente blog: http://elventano.blogspot.com.es/

La historia del ‘Coño de la Bernarda’

Cuentan las crónicas que la tal Bernarda nació a mediados del siglo XVI en Artefa, pequeño pueblo de las Alpujarras granadinas. Tenía fama de santera y recorría la comarca con sus tablillas de oraciones con una mezcla de versículos coránicos y cristianos para contentar a los dos bandos religiosos que poblaban el Ándalus.

 

La mujer, igual enderezaba una pata torcida de un cordero o curaba una dolencia en la espalda, que dirigía los rezos en la ermita en ausencia del cura, por lo que era muy querida entre la vecindad.

Una noche se acostó especialmente apesadumbrada por haber dedicado su vida a los demás, no haberse casado y no haber tenido hijos, pues, según ella, “no es buena la mujer de cuyo figo non salen fillos”.

En ese momento apareciósele la figura de San Isidro que, metiéndole la mano en la raja, gustóse tanto la santa mujer que entendió por fin el significado de la expresión ‘tener mano de santo’. A punto casi de morir por el arrobamiento experimentado, creyó ella oír del santo labriego la expresión ‘San Isidro labrador, quita lo seco y devuelve el verdor’.

La mujer contó su sueño al Conde de Artefa en una de sus visitas, y desde entonces las cosechas de Artefa se sucedieron sin parar y desapareció la hambruna que asolaba la comarca. El Conde, hombre religioso y devoto donde los hubiera, le contó al cura del lugar, Don Higinio Torregrosa, las consecuencias del sueño de la Bernarda.

En la homilía del domingo siguiente, Don Higinio cantó desde el púlpito las alabanzas de Dios que “tantos bienes e menesteres plugóle mandar sobre esta sancta terra nuestra, por mediación de la muy noble e sancta muller de Bernarda, o más bien, por medio del figo della, o sea, del coño suyo benedito”.

Sin embargo, había un artefaño, conocido como ‘Manolico el tontico’ que se pasó todo el día gritando a voz pelada “que non se creyera lo de la sancta Bernarda, que ninguna muller es sancta por donde mea”. La mujer mandólo traer a su presencia y allí, en la intimidad de la ermita díjole: “Mete tu mano en el coño bendito, a ver si miento, en lo que siento, y sea tu escarmiento”. Hízolo así, y desde entonces Manolico se transformó en el más célebre predicador del figo benedito de su paisana por toda la Alpujarra.

Desde entonces, las crónicas dicen que “todos los homnes, e mulleres, de los derredores, allegábanse a casa la Bernarda a tocar su coño benedito, y por doquiera la abundançia manaba. Las mulleres daban fillos sietemesinos fuertes como cabritillos, y las guarras parían cochinillos a porrillo, las cosechas se multiplicaban y hasta las gallinas empollaban ovos de sete yemas…”.

Tras la muerte de la buena mujer, la comarca sufrió multitud de catástrofes. Terremotos, abortos en el ganado y las mujeres, cosechas baldías… Sin embargo cuenta la leyenda que un buen día “una muller del pueblo que ploraba lagrimas de seus ollos al sepolcro della, vióse sorprendida por unas luminarias que ascendían del sepolcro”.

Asustada, corrió a contarlo al cura, que ordenó desenterraran el cuerpo de la mujer, “hallando que la Bernarda polvo era, como es la suerte de nuestros padres, salvo su figo incorrupto, rojo y húmedo qual breva”. El párroco ordenó el traslado del despojo santo a la parroquia, donde enseguida lo colocaron en un relicario, llamado desde entonces el ‘Coño de la Bernarda’, que procuraba grandes vienes a quienes lo tocaran con fervor.

El cura solicitó la canonización de la Bernarda, pero las altas jerarquías le contestaron una carta con serias advertencias. “Dicen los senyores teólogos e dominicos desta Ecclesia de Granada que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la Bernarda era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la Inquisición a façer las pesquisas oportunas”, se lee en la carta.

Según las crónicas, el párroco seguía confiando en la mujer y “una noche del 9 de Abril, del año de Nuestro Senyor IesuChristo de 1.609, alumbrado solo por dos candelas, y con el notario por único testigo dello, colocó el sancto reliquario del coño de la Bernarda tras un emparedado debaixo de la ventana de la Sacrestía, donde permaneciera hasta que la Ecclesia mudara su razonamiento sobre este singular suceso, y asi la buena Bernarda trajera de nuevo la benedición sobre el pueblo della”.

A pesar de estas hazañas, calificar algo como el ‘Coño de la Bernarda’ es tildarle de desordenado, cochambroso y en el que todo el mundo puede entrar y salir a su aire, entre otras acepciones, desprestigiando así las maravillas que encerraba el figo de aquella santera de las Alpujarras.

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